Los latidos del amor
Una crónica sobre las piezas que permiten que un corazón siga latiendo
En Ecuador, aproximadamente 2.500 niños nacen cada año con algún tipo de cardiopatía congénita que comprende alteraciones anatómicas y funcionales del corazón, pueden ir desde casos leves hasta malformaciones complejas que requieren diagnóstico oportuno y cirugías de alta complejidad. 8 de cada 10 casos necesitan una intervención quirúrgica durante los primeros dos años de vida.
Cada historia empieza con una pequeña pieza: un diagnóstico, una búsqueda, una esperanza. Cuando un niño necesita una cirugía de corazón, ninguna familia puede recorrer ese camino sola. Hace falta que muchas manos se unan, que distintos esfuerzos encajen entre sí hasta construir algo mayor: una oportunidad de vida.
En Fundación Metrofraternidad cada año realizamos 25 cirugías de cardiopatías congénitas trabajamos para que esas piezas encuentren su lugar, articulando médicos especialistas, tecnología de punta y una red solidaria que permite que niños y niñas en situación de vulnerabilidad accedan a cirugías pediátricas de alta complejidad.
Detrás de cada cirugía hay una historia.
Detrás de cada historia, un corazón esperando seguir latiendo.

KEILLY Y KEITTY: ESPERANZA POR PARTIDA DOBLE
Sonríe, mira la cartulina en la que está pintando. Mueve su carita de lado a lado. Hace una mueca. Va de nuevo. Esta vez, los colores calzan perfecto en los trazos del dibujo. Ahora sí, le gustó.
Corre donde mamá, que se sorprende y luego, suspira y le acoge en su pecho. La niña está feliz. Alza a ver. Sus ojos brillan con luz inédita, un resplandor único e irrepetible. Es la mirada de Keilly: una niña, siendo niña.
Estos segundos de amor, abrigo y plenitud, corrieron riesgo; pudieron incluso, no haber sucedido, nunca. Keilly y Keitty son hermanas gemelas, con solo cinco años. Junto a su madre, Ckeisy Lezama, esperan el momento: las gemelas serán operadas del corazón.
A veces, los planetas se alinean. Ckeisy, manicurista, conoció la Fundación Metrofraternidad por una clienta. “Ella labora en limpieza de hospitales. Me animó, me compartió un contacto, les escribí y me llamaron. No podía creerlo, había pasado meses buscando atención y pidiéndole a Dios un milagro”.
Tras la repentina buena nueva, Ckeisy agradeció a Dios. “Fue su bendición, atendió nuestras plegarias, sentimos su presencia”. Ella dice que, tras ese instante inesperado, lo único que sintió es que a su vida y la de las niñas “había llegado otra oportunidad”.
Se detiene. Respira profundo.
“—Es tan bonito… las personas son buenas, respetan a las niñas, las miman.
Keilly, la primera gemela, tiene dermatitis atópica severa. Su piel delicada le impide incluso tener una mascota. En la escuela muestra carácter fuerte; el psicólogo explica que puede estar repitiendo un duelo profundo: su padre falleció y la pérdida marcó su infancia.
Keitty, su hermana, es más cercana y cariñosa. Son inseparables. Se cuidan, juegan y crecen juntas.
Ckeisy llegó al Ecuador con 17 años. Migrante, madre joven, sostiene a sus hijas mientras también enfrenta su propia tristeza y el anhelo de volver algún día a Maracay, Venezuela. Ahora su sueño más grande es que sus hijas puedan vivir.
Historias como la de Keilly y Keitty no son excepcionales. Muchas familias llegan a Fundación Metrofraternidad después de recorrer hospitales, buscar respuestas y enfrentarse a diagnósticos que son imposibles de afrontar solos.
DIEGO EMILIANO: APRENDER A ESPERAR SIN DEJAR DE CREER

Jhonatan Simbaña es un guerrero. Junto a la alegría del nacimiento de su niño, en minutos recibió una noticia devastadora: Diego nació con signos vitales demasiado bajos, debido a una asfixia. “Le dieron reanimación avanzada, pasó entubado un mes y medio”.
Enseguida, los cuidados intensivos neonatales, otro lapso de dolor, amor y angustia. “Pasábamos de domingo a domingo, al pie de nuestro hijo”. Durísimo, pero no fue todo. “Vinieron las secuelas: una tetralogía de Fallot, que necesita cirugía de corazón abierto”.
Diego presenta cuadros de cianosis o falta de oxígeno en la sangre. “Sus manitos, sus labios y su cuerpo se tornan de color azul. Cuando le coge, mi hijo sufre, se desmaya, cae inconsciente; a veces se duerme. Y yo me aterro”.
Junto a su esposa, Jhonatan se aferra a la esperanza que provee la ciencia. “Oramos, esperamos que, pasada esta situación, nuestro hijo sea un niño normal”.
Mientras, él aprende de su hijo. Una sonrisa, algún jueguito con sus manos; cualquier señal de mejoría en Diego, impulsa la alegría y resistencia de sus padres. “Lo vemos, lo celebramos con lágrimas. Nos abrazamos, nos alienta; queda la sensación, la fe y esperanza de que saldremos de esta”. Saber que su hijo recibirá tratamiento gracias al acompañamiento de Fundación Metrofraternidad cambia la forma de mirar el futuro.
ENMANUEL, EL LATIDO QUE SÍ LLEGÓ
Enmanuel está en plena recuperación de su cirugía de corazón. William Lema, su padre, siente que la gratitud habita su corazón. “Decir gracias a Dios, a la Fundación, a sus médicos. Mi hijo superó la primera operación y tenemos esperanza de que todo culmine en favor de la vida de nuestro niño”.
Hipatia, su esposa, trajo al mundo a Enmanuel. Juntos tomaron las decisiones que hoy les brindan calma y respiro. No es fácil. “Él nació de mi. Y eso pesa un mundo cuando el médico da un diagnóstico que nos desgarra el alma y debemos enfrentarlo, los tres”.
Lo primero que, en estos momentos tan críticos, acudió a su pensamiento, fue una frase: “Una no sabe qué hacer, se agobia, se entrega. Y se dice que, si de entregar la vida se trata, pues estoy lista”.
Para ellos, la cirugía no fue solo un procedimiento médico. Fue la posibilidad de imaginar nuevamente el futuro. Hoy hablan de cambios personales, de fortalecerse como familia, de crecer juntos después de la tormenta.
—Dios pone la dificultad —dice Hipatia— pero también el camino, y ese camino es la Fundación.
LAS PIEZAS QUE NO SE VEN
Ninguna de estas historias ocurre por casualidad. Detrás de cada niño hay muchas piezas que encajan: conocimiento médico, compromiso humano, decisiones valientes de las familias y el apoyo de personas que creen que la oportunidad debe llegar a tiempo.
Cada cirugía es el resultado de una red silenciosa de solidaridad que permite transformar diagnósticos difíciles en nuevas oportunidades de vida.
Mientras algunos niños comienzan su recuperación, otros esperan aún su turno.
Hoy, mientras Keilly vuelve a dibujar, el padre de Diego imagina quién llegará a ser y Enmanuel continúa recuperándose, otros niños esperan que nuevas piezas se sumen a su historia, porque un corazón no se salva en soledad.
Un corazón se construye pieza por pieza.
Tú puedes poner la tuya.
La Fundación logra financiar 70 % del costo total de cada cirugía, mientras que el 30 % restante se obtiene mediante procesos de recaudación de fondos con el apoyo de personas, empresas y organizaciones comprometidas con la salud infantil. Por cada dólar donado, Metrofraternidad gestiona $ 3,20 en atención médica especializada, lo que permite maximizar el impacto de cada aporte y continuar ampliando el número de niños atendidos.
Las personas interesadas en apoyar esta causa pueden realizar sus donaciones a través de https://metrofraternidad.org/donar-salud/ o mediante transferencia bancaria:
- Banco Pichincha
- Cuenta de ahorros: 2214884802
- RUC: 1790850234001
- Nombre: Fundación Metrofraternidad
Quienes conozcan casos que requieran atención médica especializada pueden comunicarse al 02 399 8100 ext. 2213 o al 098 337 6920.